María y yo

Enrique Gómez Rubio · Madrid 

Corría el año 73, la facultad de derecho hervía de activismo político. María y yo estábamos en el último año, la amaba profundamente. Ella deseaba ser abogada laboralista, ponerse al lado de los oprimidos, en cambio yo quería ser abogado mercantil y ganar dinero, pero a ambos nos fascinaba el derecho, el paté de foie con mermelada de arandanos y hacer el amor. Me encantaba contemplarla en el estrado del salón de actos disertar sobre la próxima huelga estudiantil o sobre la toma de conciencia de proletariado. Yo era, un pasota político, y aunque nunca me convenció de la conveniencia de la revolución, respete siempre sus ideas. Después de pagar una fianza de 50.000 pesetas, su gata Marmota y yo fuimos a buscarla a la cárcel, salió tan guapa que le dije: » Cásate conmigo». Ahora dirige una ONG, yo un banco y ambos una casa con tres hijos.

 

 

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