Mañana de domingo

Alejandro Juncosa Delgado · Madrid 

Eran ya las doce. El sol de domingo entraba con fuerza por la ventana. Miré a Teresa, que dormía como una MARMOTA. Roncaba rendida; parecía exhausta ¡Qué duro estar casado con una ABOGADA! Su semana había sido agotadora. La blackberry estaba por fin apagada. Empecé el rito matutino de prepararle el desayuno. Mientras exprimía las naranjas, iba recapitulando, los últimos de Teresa: el juicio en Barcelona con tropiezo en el ESTRADO incluido, la due diligence en aquella fábrica textil, retirada de la FIANZA a aquel estafador de poca monta. El desayuno estaba casi preparado. Sólo me faltaba despertar a Teresa. Pensé que, por fin, la semana había terminado. Mientras abría la MERMELADA, escuché sus pasos. Ella, con su camisón blanco y la cara hinchada, apareció en la cocina. “¡Tengo el desayuno listo! Te iba a despertar ahora, cariño”. Observé –con pavor- que venía con la blackberry en la mano.

 

 

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