La receta

Nisa Arce González · Firgas (Las Palmas) 

«¡¨De qué podría hacerla esta vez?», se preguntó. Allí el tiempo libre abundaba, y las clases de cocina impartidas como terapia de reinserción social eran idóneas para poner en práctica ideas recopiladas a lo largo de la jornada. Siempre que la profesora probaba sus creaciones, se sentía como en lo alto de un estrado, orgullosa por un trabajo bien hecho. Tanto era el placer cuando la elogiaban que, incluso, dejaba de sentir rencor hacia la abogada que le había enviado a prisión con su brillante discurso de marmota y sus horribles gafas pasadas de moda. La abogada. A veces, cuando removía el contenido de la cacerola, pensaba en ella. «Si pudiera, le rebanaría el cuello, la cortaría en pedacitos, la herviría en un buen montón de azúcar. Y prepararía una mermelada excelente, cociéndola despacio, muy despacio?. «Total -se decía-, tengo todo el tiempo del mundo hasta que reúnan la fianza».

 

 

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