La profesional

Teresa Viventa Arpal García · Caspe (Zaragoza) 

Sobre la mesa providencias, autos y sentencias, hasta un recurso sobre el importe de una fianza. Lo dejé todo, era la hora. La tarima del estrado, con menos carcoma que mi corazón, crujió bajo los tacones. Me senté. Miré el expediente y visualicé la escena: mi hijo en pijama, abrazado a su marmota de peluche y con la cara manchada de mermelada. Ojos grandes, claros, sin mácula. Era la personificación de la inocencia. Instantáneamente recordé una promesa: un día elegí voluntariamente ser abogada y estar en el Turno de Oficio. Tuve que hacerlo. Mientras, sostenía la mirada de mi defendido acusado de pederastia. El alegato impecable, la sentencia condenatoria.

 

 

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