La marmota feliz

Patricia Fernández Granda · Grado (Asturias) 

Era una mañana de mayo cuando una enérgica abogada se aproximó al estrado y con voz nítida y rotunda proclamó en su alegato que no se conocía ley natural ni orden moral que prohibiese a su cliente alimentar a su marmota con mermelada. Asimismo relató que no se conocía impedimento para vestirla con los colores del Racing de Santander o subirla en monopatín. La acusación, llevada por el abogado de la asociación pro defensa de los derechos del animal, exigía pena y fianza por abuso, exceso y mal trato. Nada de fianzas, nada de abusos, nada de malos tratos; la marmota fue considerada mascota y tenía derecho a un trato acorde con los tiempos. A la viuda propietaria del animal, allí presente, se le escapó un lacónico sollozo al escuchar el fallo, ya que finalmente veía como los cuidados que dispensaba al reino animal se veían reconocidos.

 

 

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