La Lista

Antonio Anasagasti Valderrama · Cádiz 

Aquella abogada laboralista dormía como una marmota en el calabozo, hasta que el rechinar de las llaves contra los barrotes le despertó. Una bandeja se deslizó debajo de la celda con un café aguado, frío y amargo, en un vaso de plástico, junto con unas galletas y una diminuta tarrina de mermelada. Confiaba en que alguien de su despacho hubiese depositado la fianza para salir esa mañana o que aquel juez sustituto, tan serio subido en su estrado, hubiese atendido el recurso de revisión. Al rato, dos policías la esposaron y la condujeron al cuarto de interrogatorios. Solicitó hacer una llamada y se rieron y la abofetearon. El comisario le cedió un cuaderno y un lápiz para que rellenara una lista con sus colaboradores. Ella se negó. Al instante, el sargento le ofreció un pitillo y el periódico de esa mañana. Con lágrimas leyó: “el golpe militar ha triunfado”.

 

 

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