La letrada durmiente

Adela Ramos Contioso · Sevilla 

Debía acudir a una vista a las diez en punto. La abogada seguía dormida como una marmota. Su marido cambió el dodotis del niño, fue a la cocina y preparó café. Luego zarandeó a la letrada durmiente: -¿qué le pongo a tu tostada, mantequilla o mermelada? La mujer bostezó y se dio la vuelta para continuar con sus ronquidos. Desesperado y nervioso, cogió su carpeta, dejó al niño en la guardería y se dirigió a la sede de los Juzgados. Subió al estrado y tuvo tiempo de escuchar las palabras pronunciadas por su Señoría: -se suspende la vista por incomparecencia de la Letrada. -Un momento, un momento –exclamó-, se ha quedado dormida ¿puedo leer yo en su nombre los folios que tenía en la carpeta? La jueza sentenció firme: -se decreta una fianza de dos mil euros a su marido en tanto no comparezca la Letrada…

 

 

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