La abogada mermelada

Pilar Marco Novella · Zaragoza 

Así me apodan, la abogada mermelada y no, esto no es cuento de Gloria Fuertes, ¡qué más quisiera yo! Cinco largos años de acudir impecablemente al Juzgado se disiparon en una aciaga mañana. Dos noches con mi hijo en brazos, el Apiretal en una mano y el termómetro en la otra. Comparecencia para fijar la libertad provisional con fianza, o eso esperaba. Constituida la Sala, yo en el estrado a la izquierda de Su Señoría, como siempre la defensa. Me dormí, lo reconozco, como una marmota. Soñaba con mi pequeño. Cómo hacerle comer un poquito, qué darle y entonces sólo sentí como si un rayo me traspasase, abrí los ojos sintiendo como todas las miradas se hallaban fijas en mi al mismo tiempo que la carita de mi hijo seguía en mi mente e involuntariamente mi boca tronó, alto y sonoro, ¡mermelada, Su Señoría, mermelada!

 

 

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