Justa Injusticia

Adara Constanti García · Barcelona 

El fiscal salió de la sala con una indignación abrumadora. Le parecía increíble que la abogada defensora, relajada como una marmota, hubiera conseguido, una vez más, poner aquel delincuente en libertad bajo fianza. Ese personaje había subido al estrado repetidas veces y siempre salía ileso de la sala de juicio. Le resultaba especialmente sospechoso. Primero había sido el caso de las cabras del que fue absuelto por un juez veterano. Tiempo después fue acusado por allanamiento de morada de aquellas tres cabañas del monte del norte y extorsión a sus habitantes. Y ahora, en un intento de secuestro y asesinato de una niña, lo dejan en libertad porque las pruebas de mermelada en la ropa de la abuela no son suficientes. El fiscal miró desilusionado a su clienta Caperucita y le explicó que seguramente el Lobo había comprado a la Justicia.

 

 

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