El ponente

Miguel Angel Arag¡és Estragués · Zaragoza 

Le llamaban “marmota” y el mote le venía al pelo. Aquella abogada debía ser nueva, porque no lo sabía, y no paraba de insistir una y otra vez, alzando la voz cada dos por tres para llamar la atención del ponente, que se sobresaltaba sacado de su sopor. Pero no había nada que hacer. Ni los esfuerzos de la colega, ni la cara de bueno del acusado al borde del estrado sirvieron para nada. No hubo fianza. Tan desolada quedó la compañera que me vi obligado a tratar de consolarla a la salida y el consuelo llevó a un paseo y el paseo a una cafetería y la cafetería a una cita para más tarde y la cita… bueno la cita es cosa mía. Solo les diré, para saciar su curiosidad, que cuando la dejé, todavía sabía a mermelada. No resultó tan malo el ponente.

 

 

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