Noches de lluvia

Alberto Artaza Varasa · A Coruña 

Aunque extremaban la discreción – sólo se veían en noches de lluvia – lo de la jueza y el apuesto letrado era un secreto a voces. Era una plaza pequeña, de esas en las que la vida discurría a paso de tortuga y cualquier conducta que se saliera de la rutina ya era un indicio de algo. Se calculaba que llevaban cuatro años de relación, porque en ese tiempo el letrado no había perdido un solo pleito en su juzgado, incluso en juicios en los que no había realizado alegato alguno. Una época de prolongada sequía propició que trascendiera lo suyo con la fiscal, además de por un calcetín extraviado y porque a la siguiente sentencia a su cliente le cayeron 15 años. Consiguió la absolución en la Audiencia, donde también hacía cuatro inviernos que no perdía ninguna apelación…

 

 

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