La duda

María Cristina Hidalgo Ordás 

Estaba disfrutando del éxito de mi alegato del juicio de ayer. Puse de manifiesto que un calcetin en el lugar del crimen no era necesariamente un indicio de culpabilidad de mi cliente. La lluvia había borrado cualquier huella. Me sentí confiado. Me fui a comer contento. Para celebrarlo, tomaré algo exótico, pensé, sopa de tortuga. Mi movil suena. Me informan que otro crimen se ha producido. Pienso en mi cliente, me surgen dudas. ¡¨Habrá sido él?. Se me atraganta la sopa. La angustia me invade. No soporto la incertidumbre. Voy directamente a verle. No está. Le busco por todas partes. Me acerco a su despacho, registro sus cajones y en uno aparece un calcetín sin pareja. Empiezo a gritar. Oigo una voz conocida, mi padre me está mirando. Le miro a los ojos y luego bajo la mirada: veo los calcetines de mi sueño en sus pies.

 

 

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