Favores ingratos

Mayte Castro Alonso · Picaña (Valencia) 

Nunca había querido llevar temas de divorcio, pero aquella vez mi amigo me lo pidió como un favor personal. Acepté además porque había bastantes indicios de poder llegar a un acuerdo. Las cosas se torcieron de repente porque ella se empeñó codiciosamente en estirar el sueldo de mi amigo como si fuera la goma de un calcetín. Yo le dije que si aceptaba el trato acabaría desahuciado como una tortuga en un charco de lluvia. Me hizo caso, no lo aceptó. Yo estaba convencido de que mis alegatos eran invencibles, pero el juez fue dolorosamente injusto. Me equivoqué. ¿Por qué? No sé. Quizás ella no fuera tan codiciosa, o quizá yo fui demasiado pretencioso. Quién sabe. Mi amigo dijo que la culpa era mía y desde entonces no me habla. No he vuelto a divorciar a nadie.

 

 

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