Falta de pruebas

José Vicente Pérez Bris · Bilbao 

En la soledad del despacho, el abogado escribe su alegato final. Lleva un jersey cómodo y parece relajado. Fuma un puro grueso y lo saborea con placer. Afuera la lluvia golpea los cristales, en un claro indicio de que el otoño ha llegado a la ciudad. Detiene la escritura unos momentos mientras rememora la vista de esa tarde. Toda la acusación se basa en el pequeño calcetín rosa que la niña llevaba el día de autos y no fue encontrado. Sin esa prueba, su cliente estará a salvo de toda condena. El fiscal ha trabajado como una tortuga lenta y torpe. Se limitó a seguir el camino fácil. Un padre divorciado, una visita nocturna no pactada y una niña muerta. Veredicto, culpable. El letrado admira la ceniza esponjosa del cigarro, mientras rebusca a tientas en el cajón del escritorio. La mano roza una pieza hecha a ganchillo de color rosa.

 

 

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