Amor a primera vista

Alejandro Martínez Turégano · Rivas Vaciamadrid (Madrid) 

Sentí como la lluvia me calaba hasta los huesos, que el frío me invadía como si hubiera sido trasladada a un planeta helado. No había tenido tiempo de coger un paraguas y sin embargo debía esperar, la voz por teléfono había sonado desesperada. Como abogada sentía el deber de escuchar todas las fuentes fueran o no fiables. ¿Tortuga? preguntó al verme. Tenía el rostro cubierto, la voz firme. Soy yo, le contesté. Corra, sígame, tenemos poco tiempo, me dijo. Apenas si podía levantar la mirada para evitar caerme, me extrañó que llevara los calcetines de distintos colores. Conversamos durante más de dos horas en un portal oscuro. Recogí la información suficiente para que mi alegato fuera definitivo, para constatar el indicio de la culpabilidad del acusado. Pasados unos días recibí un sobre del condenado con su foto, al dorso las palabras “la quiero”, en sus pies, calcetines de distintos colores.

 

 

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