Tras las rejas

Manuel de la Peña Garrido · Madrid 

Cuando deseé verla entre rejas no me refería precisamente a esto. Me cogí un globo tremendo al enterarme de que también andaba liada con el fiscal. Tenía que tolerar sus escarceos con mi presidente de Sala. Qué remedio. Admitía que siguiera casada con el Catedrático, mi maestro. Pero su historia con ese idiota integral colmó el vaso. Despechado, encargué a dos rufianes que presentaran contra ella una denuncia falsa, perfectamente urdida (no en vano he escrito bajo seudónimo varios microrrelatos policíacos). ¡En qué hora! Mujer fatal, acostumbrada a manejar la tramoya, a hacernos bailar al son de su teclado, a darle la vuelta a los litigios, cambió el guion. Efecto boomerang. Solo soy otro racimo de su perpetua vendimia. Cuando la imaginé tras las rejas, era ella la que estaba a la sombra. Ahora soy yo, sin embargo, quien ocupa la celda. “Señoría, tiene visita. Su abogada”.

 

 

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