Muerte accidental

Victoria Fernadez de Pinedo 

Me impresionaron las huellas de sangre en el teclado. Mi cliente me juró mil veces que había sido un accidente y aunque tenía una denuncia anterior por agresión, yo como su abogado, preferí centrarme en su supuesta inocencia. Víctima y supuesto verdugo, mantenían un litigio por unos viñedos desde hacía una década. Cuando me reunía con él, no podía quitarme de la cabeza la foto de ese cráneo destrozado. Me costó deshacerme de mi instinto, y ateniéndome a las pruebas, pude preparar una buena defensa. Todo quedó en homicidio involuntario, vamos, que fue un accidente, un golpe fortuito en la cabeza, y nadie pudo demostrar lo contrario. Sabes… me dijo después de la sentencia; – Tenía la cabeza frágil, como las uvas en el lagar que estallan como globos bajo los pies, ¿sabes como te digo? … después de la vendimia… nadie puede culparme por eso.

 

 

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