La cosecha fallida

María Celia Martínez Parra · Madrid 

Carmen aporreaba indignada el teclado del ordenador, transcribiendo la sentencia que daba carpetazo al litigio emanado de una absurda denuncia, que las partes se habían encargado de inflar como un globo. Cerró la sesión y se sintió feliz. Tomo la cinta de embalar y precintó, una a una, las cajas repletas con la documentación de aquel absurdo caso. Su disposición, perfectamente alineadas, sembrando durante meses el suelo del atiborrado despacho, la recordaba un campo de vides. Y hoy, por fin, llegaba el momento de la vendimia. Apiló la última caja en un rincón y, exhausta pero satisfecha, descolgó el teléfono que sonaba implacable: -¿Si? -Hola Carmen, soy Ursula, lo he pensado mejor y voy a apelar. Ese mezquino no se va a quedar con la pareja de guerreros Zulúes que compré yo en la luna de miel…¡He encontrado la factura a mi nombre!

 

 

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