La carta

Elena Lázaro Melero 

Manolo aporreó el teclado, indignado. “Digno Señor”escribió. “Estamos hartos, se pasee usté en su aerostático globo, supervisando el trabajo. Los compañeros man encargao esta humilde denuncia a su Deidad, pues la rabadilla no da pa más. Bien sabemos la tierra es suya, creó su bondad al macho y la hembra pa ararle a usté los campos y to lo demás, pero en este pueblo somos doce y la vendimia no avanza. Hemos decidío entre tos que si usté no baja de su vehículo, le pinchamos el globo, nos le cargamos y nos hacemos agnóstiscos de esos, que luego encima el vino se lo bebe sólo el cura, no hay derecho.” Y así fue como Dios, compadecido,acabó con el litigio, agachó la espalda, sacando la uva adelante, les reunió en torno a una mesa, les dio vino y les enseñó a escribir para que contaran la historia.

 

 

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