Justicia ciega

Antonio Jesús Cruz · Santiago del Estero (Argentina) 

Al salir de tribunales, el letrado pensó que la justicia era una quimera. Cansado de tanto litigio decidió que era mejor abandonar todo. Esta última denuncia había colmado su paciencia. Alguien lo acusaba de prevaricato. Acababa de leer el expediente y todo hacía presagiar que crecería hasta límites insospechados como un inmenso globo maloliente. Había interpuesto varios recursos pero sus impugnaciones no habían tenido éxito. Vacío de justicia llegó al estudio y durante toda la tarde, sentado frente al teclado de su computadora pensó cada palabra y escribió su apelación más elegante. Por la noche, en las calles de la ciudad todo era algarabía pues se festejaba el festival de la vendimia. Probablemente por ello nadie escuchó el disparo. También… en un lugar como éste ¿A quién se le ocurre divorciarse de la hija del Presidente de la Corte de Apelaciones?

 

 

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