Fin del mundo

Miguel ¡µngel Arques Antón 

Cuando aquel esbirro divino apareció en el cielo anunciando el fin del mundo para dos meses más tarde, poca gente no creyó en él, era la hora de la vendimia de almas. Yo me resistía a morir tan joven, no pensaba perder mi vida por un simple fin del mundo. Me puse manos a la obra y me dediqué mes y medio a leer los textos sagrados de las religiones principales, no sabía en que campo se jugaría mi litigio.
Las semanas siguientes mis manos no se separaron del teclado redactando el texto final en los términos adecuados. Hace dos días imprimí la denuncia por no anunciar el fin del mundo en la forma correcta, la até a un globo y la solté desde la azotea de mi casa. Hoy ha llegado a mi balcón una paloma con la respuesta. No me atrevo a abrirla.

 

 

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