Caldos agrios

Amparo Chiachío Peláez · Granada 

Delante del teclado del ordenador me devanaba los sesos intentando saber cómo iba a enfocar la argumentación final del litigio que mi cliente mantenía con la que había sido su mujer. Domingo Venado había interpuesto una denuncia contra Martirio Alba porque “a sabiendas -dijo él-” había echado a perder la cosecha del año. Tras la vendimia, el jugo se almacenó en las bodegas y Martirio había estropeado todos los caldos llevando a su amante hasta allí. Cuando me lo contó pensé que se estaba riendo de mí. Pero él, sin cambiar el tono de voz me dijo: “señor, no creería que me burlo de usted si supiera cuánto grita mi mujer y ella no ignoraba que cualquier variación, sobre todo brusca, puede dañar los vinos”.Y aquí sigo yo, desde el Alba, pensando en Venado mientras miro al último de mis peces globo que me observa con suma atención.

 

 

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