Antojos

Víctor Salgado Ferreiro · Rivas Vaciamadrid (Madrid) 

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Al recibir la noticia, aún convaleciente del parto, la mujer abandonó el hospital para presentar la demanda de divorcio. Durante el embarazo, no tuvo más apoyo marital que las bromas sobre el nombre del futuro vástago. Ni una palabra cariñosa, ni un antojo concedido. Nueve extenuantes meses, pegada al teclado del ordenador, tramitando los expedientes y denuncias que llegaban al despacho de abogados de su consorte. Mientras su vientre se hinchaba como un globo y las vértebras lumbares chirriaban, el esposo, rodeado de colegas, alardeaba de la “Quinta Generación” de su ínclita familia de letrados. Doña Vendimia Parra Garnacha, hija de bodegueros ilustres, había padecido personalmente la crueldad de ciertas tradiciones familiares. Su hijo, recién nacido, correría la misma suerte al haber sido inscrito en el Registro Civil por su cónyuge, motu proprio, con el nombre de Litigio Togado de la Providencia.

 

 

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