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SUSANA GISBERT GRIFO 

Dijeron que se había hecho justicia. Tras la sentencia, tomaron las medidas necesarias para que todo fuera sostenible, sin rastro de residuo alguno. Si el clima acompañaba estaba todo hecho.
Así fue. En un día soleado, rodeados de cultivos ecológicos y en una construcción realizada enteramente con materiales reciclados, enterramos a nuestro hijo. Había dejado de respirar antes de que la sentencia dictaminara que la polución hacía su ciudad irrespirable.
Eso sí, la indemnización nos dio para un panteón precioso.

 

 

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