Las durezas

Goretti Fariña Caamaño · Vilagarcía, Pontevedra. 

Además de parecer inútil, mi cliente mantenía una cierta huelga de sentido común. Ansiaba la incapacidad permanente, cumplido el plazo de la transitoria, pero tenía tan poca suerte que aunque comprase lotería a diario, seguro que nunca le iba a tocar ni el reintegro. A la postre, la jueza que nos tocó tenía pinta de estar dispuesta a cargarse el informe médico. Yo bien que le aconsejé al incapacitado los andares doloridos y las palabras quejosas que convenían. Pero olvidé el talco y la crema para las durezas. El asunto se puso negro cuando la jueza pidió al supuesto impedido que mostrara sus manos para comprobar con una despiadada prueba táctil aquella sucesión de callos recientes, ásperos, abultados. Menos mal nos consta que el abuso del mando a distancia ocasiona notables callosidades en las palmas. Es justo lo que pienso hacer valer en el correspondiente recurso de suplicación.

 

 

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