La primitiva

Agustín de las Heras Martínez · MADRID 

¡Si es que tenía hasta el reintegro! El pobre hombre me lo repetía una y otra vez, y yo, delante del borrador del recurso de suplicación sólo había alcanzado a poner el número del juzgado y a calcular el plazo del que disponía. Llevaba trabajando para el déspota de su jefe más de treinta años, sin coger una baja, sin ejercitar el derecho a la huelga y todo por el miedo que le tenía. Aquel día miró el periódico y allí estaban. Había acertado los seis números a los que llevaba jugando toda su vida. No se lo pensó dos veces. Cogió un postre y se lo estampó en la cabeza al jefe. Luego, que si no aparece el resguardo premiado, que si le echan a la calle, que si pierde el juicio… Y yo me pregunto: ¿Habrá echado la primitiva?

 

 

 

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