El retrato de Anastasio Guzmán

Óscar Jiménez Moriano · Navalmoral de la Mata (Cáceres) 

Anastasio Guzmán, letrado joven y entusiasta, preparaba la demanda con laboriosidad antes de presentarla en los tribunales. Temía que algún defecto de forma –litisconsorcio, transcurso del plazo- truncara sus pretensiones, justas y legítimas. Una vez acabada, la repasó durante la comida, en el postre, yendo a cobrar un reintegro. Cuanto más la estudiaba, más imperfecta le parecía, seguro de que no contemplaba todas las ramificaciones susceptibles de tomar el caso. Decidió postergarla. Trabajaba la suplicación con especial esmero: pulía, escamondaba ligerezas. Seguía sin convencerle. La metió en la gaveta por un tiempo. El procurador casi se declara en huelga cuando aquel hombre de pelo gris le entregó un dossier de mil setecientos folios. “Debe de haberte llevado mucho tiempo”, observó. El letrado, levantando la barbilla, dijo con voz grave. “No mucho, solo veinte años”. La portada de la carpeta rezaba: cliente: Anastasio Guzmán, asunto: interdicto de recobrar el alma.

 

 

 

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