El primero de muchos

Javier López Romo · Valladolid 

El plazo había terminado. Todo el tiempo dedicado a preparar este momento había pasado. Ciertamente, era lo que quería desde la infancia, terminar el colegio, comenzar la universidad y qué mejor postre que el que me brinda este momento. Los nervios afloraban como nunca y suscitaban pensamientos inimaginables hasta ese momento – no presentarme, desaparecer, declararme en rebeldía, una huelga -. Sin embargo tenía que ir, miento, deseaba como nunca ir, ejercer, informar, exponer, defender, en definitiva, ser un abogado. Lo iba a disfrutar hasta tal punto de repetir ese momento de forma indefinida a lo largo de mi vida profesional. Cumplir el sueño de la infancia era el reintegro que quería después de todos los años de preparación y que suerte para mí que no necesitaba suplicación ante nada ni ante nadie para ser feliz, simplemente esperar a que el juicio comenzase.

 

 

 

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