Y SE CUMPLIÓ

María Dolores Moya Gómez · Puente Tocinos (Murcia) 

Cuando era un chiquillo, si me preguntaban qué quería ser de mayor, respondía contundente: “¡Abogado!”. Mi madre siempre añadía: “Lo que es menester es que termines la educación obligatoria…”. Mis padres no tenían estudios más allá de los básicos y yo apenas pasaba de curso, con lo que no podía reprocharles su opinión. Me acostumbré a que mi abuelo pagara la fianza impuesta a mi padre por sus broncas cuando bebía, pero nunca me acostumbré a ver a mi madre intentando disimular su llanto. Solo era capaz de seguir respirando para que su “Algún día serás alguien importante” se cumpliera. Me convertí en abogado y formé parte del juicio que tanto soñaba, en el que vi a mi madre comparecer frente al juez, sin llantos, firme como una roca, mostrando lo que siempre escondía bajo sus oscuras y amplias gafas de sol. Y sonrió.

 

 

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