Un juez compasivo

Gloria Arcos Lado · Madrid 

Debía comparecer aquella mañana ante el señor juez, pero tenía un gran problema. No tenía con quien dejar a mi chiquillo. Así que como era menester, me lo llevé a la vista. Cuando mi abogado me vio llegar con él, me dio su opinión, sin que yo se la pidiera. Me dijo que aquel no era el lugar adecuado para un niño, y mucho menos si lo que se iba a determinar aquel día era la fianza que me iba a caer, para que pudiera evitar entrar en la cárcel. Sin embargo, yo creo que me debió dar suerte, ya que el señor juez, al verlo tan pequeño y desvalido, agarrado todo el tiempo de mi mano, fijó esa cantidad a la baja, posiblemente para que yo no tuviera que dejarlo solo.

 

 

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