Un domingo sin fútbol

José Luis González Martínez · SAN SEBASTIAN (Guipúzcoa) 

El abogado solicita permiso para acercarse al estrado. “¿Imagina, señoría, un domingo sin fútbol?”, señala corrosivo. Se atusa el pelo y descuelga una sonrisa tan ilustre como socarrona. Paralizado, el magistrado clava los ojos en el escrito solicitando el aplazamiento del pago de la escandalosa deuda heredada del presi saliente, encarcelado por corrupto. Levanta el papel disimuladamente y observa la fotografía del palco: él mismo abrazaba eufórico al flamante nuevo dirigente del club, un joven lechuguino, todavía minúsculo. Aprieta los maxilares, rebusca mentalmente algún fundamento legal para no tener que suspender ahora la mejor liga del mundo. El abogado se sienta, el magistrado falla el aplazamiento, el martillo repica acelerado, la sala de audiencias se vacía y diez minutos después el juez Maximiliano Bustos se busca la entrepierna: ahí sigue, enhiesto, el fundamento legal invocado. Inquieto, saca un calendario y remarca en doble rojo los partidos de casa.

 

 

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