SIN TíTULO

Diego Campanella · Buenos Aires 

La causa estaba realmente muy complicada. Ningún juez querría promulgar la absolución de un asesino, y todos los indicios apuntaban al acusado. La defensa sólo vislumbraba como última y pragmática instancia un juicio abreviado para reducir la pena. Pero un buen abogado, así como un buen rey, siempre tiene un as en la manga que debe utilizar cuando los manuales de derecho dieron todo de sí. En medio del alegato final del fiscal el abogado defensor saltó de su silla como pinchado por un cactus. – Su Señoría, sepa disculpar… no es ironía, pero me acaban de informar que el muerto está viniendo para acá y en solo segundos ingresará a este recinto por aquella puerta. El juez, el fiscal, los colaboradores, los taquígrafos, y hasta el propio acusado, con cara de incredulidad, miraron la señalada puerta. El muerto nunca entró. El juez absolvió al acusado. In dubbio, pro reo.

 

 

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