Pérfida bocaza

Carlos María Novoa Robles · Oviedo 

Cibeles, 10.25 am. Nada grave. Simple rayón en mi puerta lateral, y otro tanto para el cretino del mercedes. La fecha en el calendario. Eso si me tenía a mal traer….Con el tiempo algo justo para el juicio, mi defendido, acusado de perjurio por encubrir un homicidio involuntario, y al que intuía nervioso a las puertas del juzgado, desataba aún más la lengua viperina con la que profería los aborrecibles exabruptos hacia el añoso de bigotillo carca: “zoquete, tarugo, matusalén…”, le espetaba al reclamar, ¿sin malicia?, propósitos del fósil para adquirir una calesa, “más de su era”. Con el traqueteo en el cuerpo y cubiertas las diligencias del atestado, espero en la sala de vistas la llegada de su señoría, cuando el émulo ‘leguleyo’, ronda para murmurarme: “Tranquilo compañero, esto se retrasa. Al parecer el juez acaba de tener un pequeño accidente en Cibeles”.

 

 

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