MI HERMANO

Raquel Gómez Castellanos · Puertollano (Ciudad Real) 

Un abogado con su toga, con un libro en una mano, (que debe ser un texto legal) levantado al cielo. Eso es lo que mi madre, mi hermana y yo, escogimos para su lápida.
Yo veía en ella esa toga tan arrugada que siempre llevaba en una bolsa roja de terciopelo y que le cubrió en su entierro. Era descuidado, gruñón, temperamental, desorganizado, pero también extraordinariamente inteligente y sobre todo, era abogado.
Los últimos meses de su vida, en la planta de oncología de un hospital, los pasó trabajando, hablando por teléfono con compañeros, gruñendo por los juicios que tenía que suspender y alterándome los nervios con algún escrito. Así era mi hermano, el colegiado 1052 del Ilustre colegio de Abogados de Ciudad Real, el que me hizo pensar que si la vida liga a personas con destinos, el nació para morir ejerciendo como abogado.

 

 

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