Las orejas del lobo

Jose Ignacio Juarez Chicote · Madrid 

Querido Decano: Te dirijo este escrito como máximo representante de nuestro ilustre Colegio, convencido de la perplejidad y desolación que te habrá causado la decisión del Tribunal Supremo de suspender definitivamente la profesión de Abogado. Aunque desde un punto de vista formal cabría revisar si esta decisión es legal, materialmente su firmeza y ejecutividad implican la inexistencia de profesionales que puedan sostener la causa. Nunca pensamos que fuera a llegarse a esta situación tan surrealista, pues nada paraba el ejercicio ciudadano del derecho de defensa: ni cuando elevaron las cuantías mínimas para recurrir, ni cuando establecieron trabas y trampas procesales atemorizantes y desincentivadoras; tampoco cuando impusieron aquellas tasas desproporcionadas e injustas… Ahora, al sonar el pitido final del último partido, comprendemos que esta liga la han perdido la sociedad, el Derecho y la Justicia. ¿Qué hicimos mal? ¿Cómo pudimos no verlo? Con enorme tristeza, se despide el abogado que fuí.

 

 

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