La cédula testamentaria

Blanca María Muñoz Rubio · Madrid 

El abogado acababa de leer el testamento. La puerta del despacho se abrió de repente golpeando la pared. Un atolondrado joven entró sin dar los buenos días. ¡€™¡Creí que no llegaba!¡€™exclamó con una sonrisa que mostraba el buen humor que le acompañaba. Se sentó despanzurrado en uno de los sillones y plantó los pies sobre la mesa mientras examinaba el inventario.¡€™Supongo que Vd. será el nieto del difunto.¡€™Sí, soy el nieto del viejo éste que ha¡€™palmao?.¡€™Tal cual se recogía en el testamento, adscrito a éste, existe una cédula testamentaria que tiene como lema¡€™Al gilipollas de mi nieto?¡€™prosiguió el letrado con toda la pasión que su educación le permitía?. Dice así: La mansión ha sido desmontada ladrillo a ladrillo. Te dejo el terreno, los materiales de construcción y la posibilidad de enseñarte a trabajar. Hazte constructor, y continúa la saga.

 

 

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