La carga de la prueba

Ignacio Alcalá Rosales · Baena (Córdoba) 

Atravesé el pasillo, correspondiendo a las miradas de admiración con un ligero toque de los faldones de mi toga al pasar. Al fondo, intuí una sutil expresión de envidia en el rostro del abogado contrario. Mi cliente me sacó del error al entregarme el periódico local, abierto por «Ecos de sociedad». Ahora interpreté burla, sarcasmo, socarronería incluso. No podía entrar en Sala. Era necesario suspender y redacté un escueto escrito, a mano, en el mismo banco en que me dejé caer.¡€™Causa legal?: Fuerza mayor». Sin embargo, no era la segura pérdida de la consideración como el más ilustre y respetado abogado de aquel Colegio lo que me inmovilizaba y asfixiaba, sino mi incapacidad para hallar la respuesta a aquella imagen que no podía dejar de mirar. Era yo, sin duda, en la reciente comida de Navidad. Pero ¡¨de quién era la liga que llevaba puesta en la cabeza?

 

 

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