EL ÚLTIMO CASO

Armando Cuevas Calderón · MADRID 

El viejo abogado miró detenidamente al ojo derecho del joven esperando distinguir una dilatación en su pupila que le indicara la mínima sospecha de que mentía, pero esta permaneció inalterable. —Y esa es toda la historia —concluyó arrellanándose en el sillón. —Ya —musitó el abogado sin perder la concentración. —Hay una cosa que no entiendo. Usted es un abogado famoso, según me han dicho el mejor… y el más caro. Yo no soy uno de esos ricachones a los que suele defender, solo un desgraciado incapaz de pagar un minuto de su tiempo. ¿Por qué le interesa mi caso? —Será mi último cliente. Me retiro. Tómelo como un regalo de despedida que le ha caído del cielo. Eso dijo, y era verdad, pero se había reservado decir lo más importante, que después de tantos años defendiendo a culpables deseaba sentir la satisfacción de habilitar, por fin, a un inocente.

 

 

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