DILEMA

Maribel Romero Soler · Elche (Alicante) 

Desde que el constructor puso el primer ladrillo de mi casa hasta que conseguí la cédula de habitabilidad transcurrieron cinco años. «Todo por la calidad —solía decir él—, hay que hacer las cosas con esmero, con pasión», aseguraba. Hoy se me ha caído el techo encima mientras dormía. Menos mal que el nórdico ha resultado ser tan eficaz como un airbag y no tengo que lamentar daños personales. «Tú haz inventario de todos los desperfectos —me ha dicho mi abogado—, que lo vamos a demandar y le vamos a sacar una pasta gansa», ha añadido con ese humor que lo caracteriza. Y yo no sé qué hacer, me encuentro en un verdadero dilema, y no solo porque el constructor sea mi padre, es que, además, el abogado es mi hijo.

 

 

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