AMAR LA VIDA

ASIER SAN JUAN LAUZIRIKA · Bermeo (Vizcaya) 

A las puertas del final me dispongo a hacer inventario de mis bienes más preciados: mi pasión por la vida, el buen humor y el buen amor, que a mi edad no es poco y una mano llena de dedos que representa a los buenos amigos que en mi larga vida tuve. Ahora que los años pesan como un ladrillo sobre una tela de araña, ahora que las manos tiemblan y los dientes rechinan, ahora, es cuando los millones que engrosan las cuentas bancarias menos valen. Desde mi lecho de muerte miro al joven abogado al que redacto mi cédula testamentaria y, aunque por un momento me tienta envidiarle, su rostro gris hace que no desee cambiarme por él en absoluto. No hay riqueza mayor que haber amado la vida. Le dedico una sonrisa. ¡l me mira y resopla sin entender.

 

 

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