Imagen de perfilUn caballero

VALERIA QUESADA CONTRERAS 

Estudié Derecho por tradición familiar más que por deseo propio. Suplí mi escaso interés en pleitear por impartir clases en la universidad. Pronto aprendí que nadie está libre de pleitos.
Ni siquiera yo.
Una noche de fiesta volvía a casa, cuando vi como dos hombres pedían documentación identificativa a dos mujeres. Decían ser policías (de paisano). No les creí. Los aplaqué con una llave de kárate. Al día siguiente me desperté en los calabozos de la comisaría, dolorido. Estaba detenido por un delito de atentado contra la autoridad.
En la declaración judicial, en la que me defendí a mí mismo, me sonrojé al oír a la jueza: “Es un caballero”. Salí del juzgado victorioso, alzando los brazos, como campeón que me sentía. No solo ganaba mi primer litigio, además recibía una inmensa sonrisa de agradecimiento, por mi valentía, de una de las mujeres que había defendido de los supuestos malhechores.

 

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