Ginebra con limón

Juan Herranz Pérez · Ejea de los Caballeros (Zaragoza) 

Cuando el abogado de la acusación explicó que el ladrón había entrado en el banco con una careta de payaso y amenazando al director con una pistola de plástico, en la sala se escuchó un hilarante murmullo. Según el letrado, el caco conocía perfectamente el código de seguridad de la caja fuerte, pero al abrirla sólo encontró un gin-tonic con una rodaja de limón. Salió desesperado de la sucursal y el falso camión de mudanzas que debía esperarle, se había marchado. Su particular contencioso con el banco donde había trabajado veinte años le había salido completamente mal. Sentando en el banquillo de los acusados, el prejubilado que pretendía un suculento finiquito extra, se acordaba del compañero al que había revelado todos los puntos de su plan. Le maldijo y repitió humillado las últimas palabras con las que se despidieron: “Te esperaré en Hawai con un gin-tonic en la mano”.

 

 

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