El payaso

Joaquín Valls Arnau · Barcelona 

Don Celso Díaz de Vivar pertenecía a una familia de juristas de renombre. Se decía que el día de la primera comunión, sus padres, además de la estilográfica de rigor, le obsequiaron con un Código Civil. Don Celso ejercía como magistrado de lo contencioso y era respetado por ser hombre riguroso, a la vez que criticado por su escasa participación en la vida social de la ciudad. A punto de jubilarse, lo hallaron muerto en su despacho. Al día siguiente vinieron los de la mudanza. Al abrir el armario vieron una cartera de gran tamaño, que guardaba un vestido a cuadros de color naranja y amarillo limón, unos zapatones, varios tubos de maquillaje, una peluca rubia y una narizota roja de plástico. Alguien comentó entonces, que había oído hablar de un payaso que desde hacía años actuaba todos los sábados en la planta infantil del hospital comarcal, sin cobrar.

 

 

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