Aptitudes malogradas

Dori Siverio Fumero · Santa Cruz de Tenerife 

Siempre quiso ser payaso pero se hizo abogado, porque como decía su taimada abuela paterna: “Es código de familia; el padre de tu padre era abogado y también tu abuelo lo era, como además lo fue mi esposo”. Al enfrentarse a su primer trabajo, un divorcio contencioso, tuvo sus dudas, pero ayudó a su cliente a desvalijar al marido y consiguió que ella quedara en una posición espléndida. Cuando el esposo fue a hacer la mudanza de la que antes había sido su casa, se sintió un poco culpable. El pobre hombre, arruinado y entristecido, parecía un alma en pena, mientras su ex mujer, sentada en el sofá y bebiendo un vodka con limón, lo miraba sarcástica, satisfecha. Trató en esos momentos de animar al hombre diciéndole algo ingenioso, pero éste le espetó malhumorado – ¡Es usted un payaso! –No, por culpa de mi abuela –señaló flemático.

 

 

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