Imagen de perfilEl amor en tiempos de pandemia

María Sergia Martín González- towanda 

Entró en el bufete decidida. Quería divorciarse. Dijo que su relación estaba desgastada irrecuperablemente. Cubría su rostro con una mascarilla de flores. Yo, mi FPP2 negra. Como experto matrimonialista aconsejé presentar la demanda de mutuo acuerdo y, en tres meses, Cecilia era libre. Tras inscribir la sentencia, comenzamos a salir… Bidireccionalmente y sin preaviso, surgió el amor. Nos dimos el ‘sí, quiero’ una tarde lluviosa, nueve semanas después. Antes del año nacieron las gemelas, que sumaron felicidad en estos tiempos convulsos de distancias sociales, hidroalcohólicos y autotest…
Para festejar el fin de las mascarillas, organizamos una velada romántica. Cecilia, impaciente, se la arrancó primero. Yo, nanosegundos después. Nos miramos mudos. Sin pronunciamientos. Me produjeron dentera los pírsines que taladraban sus labios y nariz, y creo que a ella le horrorizó mi barba. Éramos dos extraños con dos bebés que no paraban de llorar buscando el asilo de unos padres desaparecidos.

 

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