OFICIO DE LOCOS

BLANCA HERREROS RODRIGUEZ · León 

Su mujer le acusó de haber perdido el norte cuando colgó una placa en la puerta del despacho que rezaba: “Abogado de Causas Perdidas”. Le regaló una brújula, le deseó suerte y le abandonó. A partir de ese día, lo mismo pretendía la retirada de un carámbano mediante una negatoria de servidumbre que reclamaba una pensión de orfandad para un perro cuyo amo había fallecido o la readmisión por despido improcedente de un equilibrista que padecía de vértigo. Su último disparate jurídico consistió, ni más ni menos, que en querellarse contra el rey por usurpación de identidad en nombre de un cliente que afirmó ser vástago secreto del Rey Melchor. Insistió en llevarse la placa mientras le ponían la camisa de fuerza. Todavía conserva una amplia clientela en el frenopático “San Raimundo de Peñafort”.

 

 

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