LOLA

GLORIA CUTILLAS PRIETO · JAEN 

Mi pitón se llama Lola. Nuestra relación fue difícil al principio: no se adaptaba a las rutinas de casa. Se colaba a velocidad de vértigo en mi despacho, cuando solventaba asuntos con algún cliente, hasta que su sibilante murmullo llamaba la atención, produciendo el susto general. Frecuentemente la encontraba enroscada sobre mi mesa de trabajo, fría como un carámbano, sujetando mis expedientes, como un gigantesco y exótico pisapapeles, entre la vieja brújula y el abrecartas de plata antigua, herencia familiar. Cuando intentaba echarla, se aferraba con todo su peso a las querellas, exhortos y apelaciones….. Tardé en comprenderlo: Lola tenía vocación jurídica, la que no tuvo mi único vástago, antropólogo viajero. Lola, con su apego a providencias y autos, es incansable. Lo malo es que su brillante color amarillo se oscurece más con cada muda: ya está casi negra….se estará fabricando su propia toga?

 

 

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