La armónica

Enrique Morgade Casal · Valdemorillo (Madrid) 

Papá me llamaba brújula, porque según él yo era la brujilla que había guiado sus pasos desde que nací. Al morir, por toda herencia, me dejó una armónica. Hace dos meses murió mamá. Con su último aliento me confesó que yo era el vástago bastardo de Don Andrés, multimillonario fallecido sin descendencia, de carácter frío como un carámbano. El procedimiento jurídico para la determinación de la filiación, y posterior adquisición hereditaria, me tiene sumida en un continuo estado de vértigo. Pero, sobre todo, me produce una profunda tristeza, saber lo desorientado que estuviste toda tu vida papá. Gracias por la armónica, me encanta.

 

 

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