INSINUACIONES PELIGROSAS

Mercedes Sáenz Blasco · Mérida (Badajoz) 

Cuando aquella mujer apareció en mi despacho perdí el norte, lo reconozco. Pero es que hasta la brújula más sofisticada hubiera sucumbido a su hechizo. Para impresionarla, leí el acta poniendo énfasis en las expresiones más rimbombantes. “No entiendo nada”, me dijo, enmarcando cada sílaba en el voluptuoso carmín de sus labios. Cegado por la lujuria pensé: ¡Ésta es la mía! Me acerqué a ella, y en tono nada jurídico le insinué que si era amable conmigo tal vez podríamos aplazar la vista que su vástago tenía pendiente por un tiempo indefinido… Comprobé entonces que además de un escote de vértigo tenía las ideas muy claras. ¡Como se atreva a tocarme le estrangulo! Y aquí estoy. Tieso como un carámbano. Luego dirán que ser funcionario del Tribunal Superior de Justicia es un chollo.

 

 

 

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