El abogado sufridor.

Mel Nebrea 

Sentí cierto vértigo cuando me contó su historia. No es fácil ser abogado defensor, confesor del asesino y tener que ejercer de su ángel de la guarda. No quiero que se me estropee la brújula ética y que acabe perdiendo el norte. Pero así es el orden jurídico, se es inocente hasta que se demuestre lo contrario. El tipo había asesinado a su padre clavándole un carámbano de hielo en el corazón. Al haberse derretido no había arma del crimen, y como era su único vástago y era millonario, no había móvil. Tampoco había testigos, sólo aquel maldito email del viejo advirtiendo a un amigo que temía por su vida, y que su hijo estaba loco… A eso se aferraba el fiscal: el correo y demás pruebas circunstanciales. Hasta ayer era un caso extremadamente fácil de ganar, se sobreseería y punto. ¡¨Por qué tuvo que confesarme la verdad?

 

 

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